20 jul 2011

δυσἀστήρ

Acabo de darme conta de que hai moitísimo tempo que non leo "Cuando el mundo era joven todavía"... que cambio máis dramático tendo en conta que antes, hai tempo, o lía mil millóns de veces (ao ano). 
E despois, dinme conta de que non sei nin donde teño o libro, e de que hai demasiado tempo que non o "vexo", cando antes me cruzaba con el mil millóns de veces (ao día), cambiando cousas de sitio, ordenando estanterías... 
Así que seguramente o perdera... como tantas outras cousas na miña vida.
Joder, son un desastre.
Mira ti: nesto, polo menos, non cambiei. 

18 jul 2011

Mi bisabuelo Carlos, teniente coronel de Estado Mayor, fue fusilado por no querer servir a la República. Me contaron que, a pesar del riesgo que corría, su cuñado Pepe, que le adoraba, no dudó en ir a buscar el cuerpo a la Ciudad Universitaria para enterrarlo.
Pepe paseó su miedo por el desván de su casa los días posteriores. Se lamentaba, el pobre, por no haber colocado una almohada bajo la cabeza de mi bisabuelo al enterrarlo. Pasó días rezando por que quienes venían de vez en cuando a preguntar por aquel que había ido a buscar el cuerpo de un traidor se creyeran la respuesta que Pilar les daba: “Ya hace que no vive aquí”. Solo el día en que Pilar se puso de parto, Pepe bajó del desván. Entre toallas y cubos de agua hirviendo, abrió la puerta cuando alguien llamó, y nunca supimos si le dio tiempo de despedirse de su mujer, o de conocer a su hijo.
Dicen que los “Rojos” perdieron la guerra. Yo dudo que alguien la ganara.

Micropensamientos de un 18 de julio

Hoy me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no me dedicaba a andar por la calle sin tener un sitio al que llegar (corriendo) y dejando que mi cabeza se dedicase solo a micropensar.
Por suerte, hoy me dediqué a micropensar. Y estos fueron mis micropensamientos:
- En rebajas, no hay una sola tienda de Inditex que, vista desde fuera, no parezca tomada por cien Demonios de Tasmania.
- Me encantan las visitas fugaces de mi hermano, mi hermana, mi madre, mis amigas, mi chico o mi tía preferida.
- Me asusta pensar que ya no tengo abuelas, ni abuelos, que me cuenten dónde estaban ellos hace hoy 75 años, cómo se sentían, a qué tenían miedo. Me gusta pensar que soy de las pocas personas de mi generación que, mientras tuvo abuelos, les preguntó hasta la saciedad absolutamente todo lo que es no solo interesante, sino necesario saber. La historia tiene que conocerse. Para no repetirse (perdón, este micropensamiento es un poco largo. Ha sido un día duro).
- Lugo, a veces, huele a desagüe.
- El pasado puede doler, pero puedes huir de él, o aprender (Rafiki y su sabiduría recurrente).
- Cuando lloro, las lentillas se me ensucian... no sé muy bien de qué.
- Las bicicletas son para el verano.
- Estar enamorada es muy bonito.
- No estarlo, también.
- Cenar espaguetis integrales me hace sentirme mucho mejor que cenar espaguetis a secas. 
- El día de hoy no me gustó. A lo mejor es porque fue lunes. O a lo mejor es que hace 75 años, la vida de mis abuelos (y la de los vuestros, todos, también) cambió demasiado como para que hoy yo esté contenta. Solo se cumplen 75 años: es igual que cuando se cumplieron 71, o 73. Vamos, que es solo una fecha. 
Pero qué fecha...

14 jul 2011

San Juan

Cada vez que celebramos algo en San Martiño me doy cuenta de que para mí, hay cosas que empiezan a valer lo que valen por lo que valían en el pasado.
O lo que es lo mismo: daría todas las celebraciones de San Juan que me quedan, por volver a vivir una sola de las que viví hace años.
Pero voy a cambiar el chip y disfrutar... porque dentro de un tiempo sé que pensaré lo mismo, y "hace años", será hoy.
Así que solamente pensaré cada San Juan lo mismo que escribía mi primera profesora, doña Oliva, en las cartulinas llenas de P.A. que me entregaba al lado de la puerta del aula el último día de curso: "¡Feliz verano!"

6 jul 2011

Justicia sin querer

Hay días (pocos) en los que tiro de maldad y hago mil fotos a la comida de casa de mis padres para enviárselas a mis hermanos que no están, y no se la van a comer, y darles la envidia de su vida.

Lo único que consigo es olvidarme de enviarles esas fotos y redescubrirlas en la memoria del móvil tiempo después, generalmente a la hora de comer algún día en el que la comida de mi casa está a 100 kilómetros...

...y, encima, se las están comiendo mis hermanos.

30 jun 2011

Los cordones del tendal

Hace 3 años que acabé la carrera, 8 que acabé el instituto, 10 que acabé el cole... en fin, que he acabado cosas a lo largo de mi vida. Y después de este tiempo, muchas veces miro el mundo desde mi humilde Casa de Colorines y no me importa en absoluto lo que pase en él: pueden caer chuzos de punta, hundirse la economía del estado y la del continente, pueden matarse y trepar unos por los otros arrancándose los pelos y los ojos o puede desaparecer el mar, que yo estaré contenta si la chimenea sigue tirando y los cordones del tendal están tensados y lloraré de felicidad si consigo un microondas y una mesita para el salón.

Otros días estoy súper triste. Veo que gente que caminó a mi lado ya no está.

Otros días estoy egoísta. Veo que alguna gente que caminó a mi lado está mucho mejor de lo que yo estoy: han conseguido lo que querían (porque sabían lo que querían), han llegado lejos, tienen una familia o un trabajo acojonantes y son plenamente felices con todo ello. Yo me doy cuenta de que quiero pocas cosas y que, aún así, no las he conseguido todas. Y eso me pone triste también.

Pero hay momentos en los que me da igual la nevera, la chimenea y el tendal, y las cosas que quiero o no quiero, porque del cabreo que agarro se me nubla la vista. ¿Cómo puede ser posible que gente absolutamente incapaz que caminó a mi lado mientras se le caía la baba al suelo, de los que escriben "haber si llueve", esté dando la vuelta al mundo, viviendo a todo trapo, experimentando todo lo que yo nunca soñé con experimentar y (encima) dándome lecciones a mí y a mis semejantes de cómo ha hecho y cómo hay que hacer para lograr todo eso, cuando todos sabemos que lo único que ha hecho es nacer en una familia donde los hijos se tienen por cientos y los favores también? Cuando me pregunto esto, me enfado.

Pero un minuto después me doy cuenta de que la vida no está hecha para pasarla intentando responder a preguntas taaaaaaaaaaaan largas. Así que en lugar de envenenarme porque algunos que no lo merecen han pasado por encima de los que sí (entre los que, por supuesto, no me incluyo) y han hecho del mundo su casa, vuelvo a centrarme en el tendal y en la nevera que no enfría, y opto sabiamente (porque yo soy sabia) por hacer de mi casa mi mundo, y ser feliz. Es mi terapia, y funciona.

5 jun 2011

Un día subimos xuntas no bus do cole...

... desde ese día, pintamos xuntas cos plastidecor, fixémonos trenzas (nese pelo taaaaan largo que ela tiña), publicamos "exitosas" revistas escolares (tanto en proxectos conxuntos como facéndonos competencia desleal), copiámonos en centos de exames (mellor dito, nalgún examen non nos copiamos), estudiamos xuntas, pasamos xuntas as primeiras noites de venres nas que éramos libres, defendímonos unha á outra de aqueles que lastimaron o noso orgullo de adolescentes (uns e unhas máis, outros e outras menos), chamámonos a horas intempestivas para compartir eses choros cando a vida empezou a facer un pouco de dano, e tamén para compartir risas contaxiosas cando os malos tragos pasaron e nos dimos conta deso: de que incluso o peor, cando tes en quen apoiarte, pasa, e as cousas que che trae a vida fan que non poidas deixar de sorrir.
Desde o día que subimos xuntas no bus do cole, está entre esas poucas persoas que conto cos dedos dunha man: nas duras e nas maduras...
Que si, todo parece indicar que maduramos. De beber cantimploras con sabor a fresa sentadas nun portal,  martinis con limón en vasos de litro (ou calquer outro brebaxe), cafés polas mañás para espabilar, tés nas tardes de confesións... pasamos a beber onte champán no día da súa boda, un día no que Ana non puido deixar de sorrir: o primeiro día de moitos que están por vir ("é o que ten namorarse!", díxome cando nos despedíamos).
E eu espero que sempre me contaxies a túa alegría igual que o fixeches onte, Anus! que vos vaia moi ben, que todo sexan cousas bonitas (ou a maioría), que teñades sobriños para min pronto, que sexades moi felices e que comades... sardiñas con pan de broa... ou algo parecido :)
Noraboa, guapa! Quérote.

1 jun 2011

A Blanca no le gusta "gente q dice frases como 'es la verdad, estoy siendo sincero', después de soltar una bomba, sin tener en cuenta q a veces la verdad es secundaria respecto a las maneras de escupirla en la cara de los demás" (Egoísmo discursivo, una de las agresiones dialécticas peor entendidas de este planeta).

Carrefour de Lugo

Señora comprando pienso de can: "Este terá todo o q dixo o veterinario?"
Señor q vai ao lado cargando co bolso para meter o can (tamén novo): "E q dixo o veterinario?"
Señora: "Q ten q ser pienso do q fai q medre ben, ou non o escoitache coma min!"
Señor: "Eu xa dixen q medraba mellor cos chourizos pero non llos queres dar!"
(Preguntádesme por que vou pola vida coa antena posta? para non perderme estas xoias :P)

18 may 2011

Casa

Hace unos días me desperté en casa de mis padres, en mi adoradísima cama diminuta, a una hora de esas que no deberían aparecer en los relojes. Me duché, me vestí, me peiné... y bajé a la cocina a tomarme un café.
Siempre que tomo café en casa de mis padres, miro por la ventana de la cocina. Creo que es lo único bueno de madrugar, mirar por esa ventana y ver enfrente las dos casitas donde crecí, los dos sitios donde más feliz he sido y con la gente que más quiero. Es una manera bonita de empezar el día.
Y este lunes, además, pasó una cosa. Estaba mirando por la ventana cuando de repente se me formó un nudo en la garganta, se me secó la boca y empecé a sudar frío. ¿Por qué? El autobús del cole.
Apareció por la carretera de Santa Cecilia, acercándose cada vez más rápido a la curva del llorón. Pasó por delante de la casa de colorines, aceleró en la recta antes de llegar a la casa donde el sol se esconde (y donde me escondía yo, y aún me escondo a veces). Lo imaginé pasando frente al campo de Anita, frenando delante de una marquesina blanca, recogiendo dos niñas, otra, otra más, y esperando por nosotros... hasta que llegábamos corriendo, los tres, acalorados y muertos de vergüenza.
Ver el autobús del cole llegar por la carretera de Santa Cecilia significaba no llegar a tiempo a la parada. Significaba tener que tragarte la última galleta, coger la mochila y correr como si nos persiguiera la bruja mala de la Bella Durmiente (la peor de todas), todo ello en 20 segundos, para llegar al primer escalón del bus justo antes de que la puerta se cerrara. Significaba pasar un corte frente a otros 30 niños, o morir derretido por la vergüenza si el conductor te reñía en voz alta delante de todos ellos (entonces, para mí, el miedo era eso).
El nudo en la garganta de este lunes me recordó ese miedo, como si volviera a tener 12 años y el café fuera Nesquick con galletas empapuzadas, esas que tanto me gustan aún ahora. Tuve la sensación vívida de que el bus pasaba por delante de un llorón que aún estaba vivo, el viento aún no había acabado con él. En casa de colorines aún resonaban los pasitos rápidos y las risas de tres niños, la casa donde el sol se esconde (entonces, mi sol vivía aún allí) en la que se escuchaba esa risa que aún hoy puedo escuchar, si aparto lo que sobra en mi cerebro y me concentro.
Sobran muchas cosas. Ya no jugamos con las cabras que Anita llevaría a ese campo dos horas más tarde, ni cruzamos el prado corriendo delante de tres ocas furibundas, ni pescamos renacuajos en el lavadero con un colador viejo. Las niñas (dos, una, otra más) se perdieron en la distancia que dan los años. Algunas, otras aún hoy nos encontramos; a veces, incluso nos buscamos.
Yo personalmente creo que no he cambiado demasiado. Sigo teniendo miedos que después, con el tiempo, me parecen tonterías. Sigo contando con Enrique y Carmela para pasar juntos por los mejores y peores momentos de mi vida (antes era el miedo a llegar tarde al autobús, luego fueron otras cosas, y otras que serán), y sigo considerando que mi casa es ese triángulo de edificios.
Mi miedo ahora es perder ese norte, sin darme cuenta. Pero seguramente, con el tiempo, tener miedo de esto también me parecerá una tontería.