Las alabanzas que se escuchan sobran ahora. Si en lugar de críticas, se hubieran escuchado algunas de esas alabanzas hace unos meses, a lo mejor no habríamos perdido al Rey del Pop, pesando un kilo más que años tenía. No hay palabras para estos días, solo pena. O vacío, o algo así.
Estos días me siento cerca de todos los que siempre creímos en la inocencia del más grande, o mejor dicho, el que nunca dejó de ser pequeño. Y estoy entre ésos que no saben qué responder a aquellos que preguntan qué pasa porque se haya muerto el pequeño de los Jackson 5. No pasa nada. Esa es la respuesta. Nada, vacío, pena.
Estos días escuché a un señor de los que hablan de todo en la radio decir que ya pueden estar tranquilos los niños de Los Angeles. Probablemente ya lo estaban antes. Me da lástima preguntarme si me encuentro tranquila yo en este mundo de adultos, que juzga, rompe y pisotea la inocencia más pura, más patológica, más terrorífica (para algunos). Algunos aún creemos en ella.
Es un alivio pensar que las canciones del que acaba de morirse las bailarán y cantarán niños y niñas que aún no están en este mundo.
Espero que el Rey del Pop cuide un poco de la música de este planeta estropeado desde donde quiera que esté (probablemente, la segunda estrella a la derecha).
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29 jun 2009
13 may 2009
"Volveré a ese lugar donde nací"

La imaginación no me llevaba allí desde hacía mucho tiempo. La vida sigue, y mil ocupaciones cerraron con llave uno de los armaritos de mi cerebro durante casi dos años (ya...).
Hoy, con la noticia de la muerte de otro genio, al que tenía olvidado, se abrió de golpe ese armario.Con los primeros acordes que tantísimas noches escuché.
Noches en las que no podía cerrar esa puerta ni dejar de llorar, en las que aprendí a controlar ese nudo que va subiendo garganta arriba cuando ya no puedes más... y que hoy se manifiesta, después de tanto tiempo.
Antonio Vega puso banda sonora a los meses más tristes de mi vida. Quizá por eso hacía ya tiempo que dejé de escucharle, porque me dolía horrores.
Puede que sea también por eso que había llegado a borrar su nombre de mi cabeza.
Incluso sus canciones.
A Antonio Vega, desde hoy, le debo otro momento más de tristeza que se suma a los de hace dos años. Otro momento de lágrimas que vuelven a arder en los ojos, de recuerdos casi olvidados de cuando los campos eran infinitos, y también lo eran las tardes de sábado (cuando los sábados eran diferentes).
Le debo el haber vuelto a sentir una de las sensaciones más terribles que sentí nunca: el miedo a seguir adelante sin un trocito de mi. Le debo haber revivido con una de sus canciones el momento que más marcó mi vida, mi carácter y mi ánimo. El peor momento.
Así que tengo que darle las gracias infinitamente a Antonio Vega.
Gracias porque había solo una cosa que me daba más miedo que revivir todo eso, y era olvidarlo. Olvidar dónde estaba el sitio de mi recreo, y dónde sigue estando.
"Porque la muerte, ese accidente, es lo de menos."
Descansa en paz, genio.
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